Este es un super disco espacial que consagró a los Pink Floyd como los amos del enorme calabozo con olores a libertad que era la psicodelia basada en ácido. Un conjunto de canciones que rayan en el Hard Rock –One Of These Days, con un impresionante solo de bajo con efectos de delay, compression y echo-, Intimismo –A Pillow Of Winds-, Blues del Mississipi –Seamus-, y el cierre a cargo de Echoes, un extenso tema que pasa de veinte minutos relleno de sonidos cósmicos, graznidos de gaviotas hechos con guitarras, vientos huracanados y una lírica intrincada y misteriosa. Echoes se iba a llamar, originalmente, Nothing Parts 1 to 23, pero los Floyd no quisieron poner un nombre que podría estar burlándose de lo más importante para ellos: la verdadera sicodelia progresiva. Nada mejor que Echoes como un nombre conveniente, y sugestivamente repetitivo.
A partir de aquí, Pink Floyd se elevaría al pico de su fama y de su calidad con el archifamoso Dark Side Of The Moon que, objetivamente, podría ser una continuación de la temática espacial de Meedle y, al igual que este, cargado con un poco de pesimismo (véase el artículo referente al álbum).
Lo único que queda es escuchar.
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